Una construcción colectiva.
Las y los estudiantes tienen un rol central: proponen, deciden, planifican y desarrollan sus proyectos. El trabajo se realiza con acompañamiento docente y articulación entre los distintos campos de formación.
Los Proyectos Integradores conectan saberes, prácticas y problemas reales. Desde 1.º hasta 7.º año, las y los estudiantes investigan, diseñan, producen, toman decisiones y comunican propuestas vinculadas con su comunidad y el territorio.
El nuevo Diseño Curricular reconoce y fortalece una tradición propia de la Educación Agraria: integrar conocimientos de distintas materias para comprender e intervenir sobre situaciones concretas. Los proyectos pueden partir de una problemática, una necesidad, una pregunta, un producto o una propuesta de mejora y se desarrollan durante el ciclo lectivo.
La clave no está solamente en “hacer algo”, sino en investigar, fundamentar, planificar, actuar, revisar decisiones y explicar lo aprendido. De este modo, la práctica se convierte en punto de partida para construir y profundizar conocimientos.
Las y los estudiantes tienen un rol central: proponen, deciden, planifican y desarrollan sus proyectos. El trabajo se realiza con acompañamiento docente y articulación entre los distintos campos de formación.
Cada año posee un eje vertebrador que orienta el foco del proyecto. No funciona como un límite: las demás dimensiones siguen presentes, pero aumenta progresivamente la complejidad y la autonomía. Desplegá cada año para conocer su propósito.
Aborda problemáticas sencillas vinculadas con la comunidad y busca fortalecer el arraigo, los lazos sociales y solidarios y el ejercicio de una ciudadanía comprometida. Permite comenzar por el contexto próximo de las y los estudiantes, reconociendo actores, recursos, ambiente, diversidad cultural e identidad territorial.
Parte de necesidades detectadas en la comunidad o en los entornos formativos y propone analizar, diseñar y desarrollar soluciones tecnológicas. Puede involucrar dispositivos, automatizaciones, herramientas, procesos o soluciones digitales, siempre vinculadas con una problemática contextualizada.
Propone una primera experiencia productiva que analice e integre los componentes de una producción dentro de un agrosistema elegido por el grupo. La propuesta debe considerar la sostenibilidad, la soberanía alimentaria y las distintas dimensiones que intervienen en una producción real.
Busca enriquecer la producción primaria y promover el agregado de valor en origen. Integra calidad, sostenibilidad, innovación, gestión, redes productivas y articulación con otros actores e instituciones vinculados con las cadenas de valor.
Desafía a diagnosticar, planificar y ejecutar una estrategia de comercialización. Se analizan canales directos e indirectos, alternativas asociativas y digitales, calidad, trazabilidad, certificaciones, regulaciones, negociación de precios, relaciones con compradores y posicionamiento dentro de la cadena de valor.
Integra los aprendizajes construidos durante la trayectoria y crea condiciones para que las futuras técnicas y los futuros técnicos desarrollen iniciativas propias vinculadas con su inserción laboral, profesional y productiva. El desafío es acotar un problema o iniciativa sin perder la mirada sistémica sobre el agrosistema y sus múltiples dimensiones.
No existe un único formato, pero todo proyecto integrador supone un recorrido de investigación, toma de decisiones, acción y reflexión.
Leer el contexto, reconocer necesidades, recursos, actores y situaciones que merecen ser estudiadas.
Delimitar una problemática, formular preguntas e identificar qué se quiere comprender o transformar.
Buscar antecedentes e información confiable, seleccionar datos y construir una fundamentación.
Definir objetivos, acciones, recursos, responsabilidades, tiempos y criterios para tomar decisiones.
Implementar, experimentar, construir o intervenir; documentar el proceso y revisar lo planificado.
Analizar resultados, elaborar conclusiones y compartir la experiencia de forma escrita, oral y visual.
Los proyectos se enriquecen cuando una problemática productiva no se analiza desde una sola materia, sino desde las dimensiones que estructuran el enfoque de agrosistemas.
¿Qué se produce y cómo se produce?
¿Qué tecnologías se utilizan, desarrollan o pueden mejorarse?
¿Dónde se produce, con qué recursos y con qué impactos?
¿Cómo se organiza, administra y gestiona el sistema?
¿Quiénes producen, para quiénes y en qué contexto?
Acompañan la formación técnica desde los primeros años, articulando tareas en entornos formativos, salidas educativas, observación y vinculación con el contexto socioproductivo.
Profundizan el acercamiento a situaciones reales del campo profesional, dentro o fuera de la institución, articulando los proyectos con productores, profesionales, organizaciones, empresas y otros actores del territorio.
En sintonía con el nuevo Régimen Académico, el Diseño Curricular prevé que los equipos docentes acuerden estrategias para acompañar las trayectorias y los procesos de intensificación. El seguimiento del proyecto permite detectar dificultades, revisar decisiones y generar nuevas oportunidades para aprender.
La evaluación contempla la participación, la calidad de las decisiones, la integración de saberes, la relación con el contexto y la capacidad para fundamentar y comunicar el trabajo realizado.
Compromiso, participación, acuerdos y responsabilidad en las distintas etapas del proyecto.
Capacidad de relacionar conocimientos de diferentes espacios y dimensiones del agrosistema.
Relación entre el problema elegido, el tema madre del año y el contexto socioproductivo local.
Coherencia entre diagnóstico, planificación, implementación, conclusiones y presentación de resultados.
Imágenes de experiencias y producciones desarrolladas por estudiantes de nuestra institución. Tocá o hacé clic para ampliar.